Almudena Grandes y su radiografía humana de la crisis española

Si “no todo el monte es orégano” (u orgasmo…), aquí no iba a ser de otra forma: no todas las publicaciones van a ser de temas boller. También queremos traeros lecturas, obras de teatro, series, y comentarios varios sobre temas que creemos que os pueden interesar y que van en la línea del blog.

Hace un año aproximadamente, Almudena Grandes publicó “Los besos en el pan” y lo teníamos en la estantería hasta que, por fin, encontramos el momento perfecto. De la autora siempre nos han encandilado dos cosas: el retrato que hace de las mujeres, sacando hasta los sentimientos más profundos y viscerales que una puede albergar, desde una clara perspectiva feminista y, por otra parte, el retrato social.
Hablamos pues de dos tipos de retratos y es que, para nosotras, eso es lo que mejor hace Almudena Grandes: retratar y describir. La obra cumbre en este sentido fue “Atlas de geografía humana“.
En “Los besos en el pan” lo que nos describe Grandes es la vida en un barrio de Madrid durante la crisis, y las vidas que en ese barrio transcurren. Desgrana múltiples (¡no sabemos cuántas!) historias que tienen como trasfondo la crisis social y una inconfundible España. El lector puede reconocer retazos de su vida en cada una de las historias y es ahí donde reside el gancho de la novela, porque te habla a ti directamente, te habla de tu vida.
Es una novela redonda y quizás ese sea el punto negativo que le vemos. Cierto es que no todas las historias tienen final feliz, y cierto es también que nosotras todavía nos encontramos viviendo de pleno en el epicentro de la crisis, pero los finales felices últimamente nos parecen cosa de película.
Os dejamos un fragmento del comienzo de la novela que es “pura esencia” de Grandes:

En este barrio viven familias, completas, parejas con perro y sin perro, con niños, sin ellos, y personas solas, jóvenes, maduras, ancianas, españolas, extranjeras, a veces felices y a veces desgraciadas, casi siempre felices y desgraciadas a ratos. Algunos se han hundido, pero son más quienes resisten por sí mismos y por los demás, y se obstinan en cultivar sus viejos ritos, sus costumbres de antes, para no dejar de ser quienes son, para que sus vecinos puedan seguir llamándoles por su nombre.”

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